Dignísimo sr Carotone

martes, 29 de abril de 2008

Episodios musicalizados

Al llegar a la avenida Salvador que era donde vivía Graciela, me tumbé en una banca a esperar que saliera como de costumbre a tomar el fresco en su terraza. Era una tradición que aprendió de mí. Yo lo hacía después de cogerla, y junto a una cerveza en mi mano izquierda, miraba el lúgubre paisaje del sector en la noche, donde semanas atrás vi como apuñalaban a un desgraciado que oponía una resistencia sobrecogedora.

El citófono estaba de adorno. Ese tipo de cosas me sacan de quicio, y le dí un golpe de puño que acabó con su pobre existencia. De pronto, sobre mi cabeza pude divisar a Graciela con una bata púrpura que me gritaba locuazmente.
- Déja ya eso, sube o llamarán a los pacos.

Subí como pude, estaba un tanto ebrio pero aún me sostenía en pie. Ella me estaba esperando como lo hacía cada tarde cuando llegaba de mi partido de naipes en el boliche de Don Tolo. Era una especie de animal en celo, no podía estar sin follar un día. Yo me dejaba asfixiar entre sus caderas imponentes, límpidas, sobre humanas. Era una potra.

14 y pack

Como muchas tardes me fui a sentar en la plaza que está frente a mi casa. Siempre veía culos rebosantes merodeando por esa plaza, ya sin pájaros ni niños jugando en esos sucios toboganes que son el refugio actual de pendejos yerbateros y ebrios que añoran por su niñez marchita. Consumido por las ansias de ver una poca de tetas y culos, abrí la primera cerveza para lograr una mejor estimulación. Ya una vez erecto, pude divisar una mozalbete de unos 16 años pero ya en edad de recibir una buena tunda de sudor y placer por varias horas. Me miraba de soslayo, con la inocencia de quién despierta de su descanso infantil, revoloteando en deseos por cruzar las barreras sexuales de la alienizante sociedad moralista que aún pervive. Su candidez sólo aumento mis ganas de joderla hasta el hastío. Me acerqué y le ofrecí un cigarrillo. Huelga decir, que yo no fumo, pero siempre guardo algunos para ocasiones como esta. Me lo aceptó muy suelta de cuerpo. Pude presumir que no tenía 16, más bien no debía superar los 14. Le pregunte su nombre mientras miraba su tremendo par de tetas sin falso pudor. Se sentó sobre mis piernas, y yo la sentí escurrir entre mi bulto que a esas alturas era una enorme roca. Me dijo un nombre que rimaba con “TeTo” el popular juego de palabras sucias y soeces que yo acostumbra decir hasta el hartazgo en mi época de escolar. Incluso siempre propuse jugar al “TeTo” para molestar a quienes veían en los juegos una nueva forma de entretenerse. Juguemos al TeTo yo decía, y cómo se juega eso respondían las zorras, tú te agachay y yo te lo meto. De pronto se hizo tarde, quizás noche, ya no recuerdo porque me había tomado el pack de cervezas que llevé a la plaza. El tema es que la invite a mi casa, a lo que respondió un tanto asustada que debía irse o sino sus padres se enojarían mucho. Le ofrecí escoltarla en su regreso a casa, pero desistió tenazmente aún sabiendo mis intenciones, yo pude comprender que por poco, la hago quedarse y tirármela en la misma plaza, con su consentimiento o sin él; cuando me viene la fiebre del estómago hacia abajo no hay quién me detenga.

Volví a mi casa desesperado por follar. No me quedaba mucho dinero de mi última pega, por lo que debía estar siempre atento a las ofertas de lupanares, prostíbulos y puteríos varios. Sin hambre, podía pasar días sin probar bocado, busqué en la guía de teléfonos de mujeres a las que había frecuentado y que seguro guardaban ingratos recuerdos míos. La última vez que tuve una relación un poco más duradera, fue con Graciela. Morena de anchas caderas y senos pequeños suntuosamente excitantes. Le comí todo, más allá de su cuerpo siempre generoso en la cama, sino que por poco no me llevó el refri para mi casa. Fui lo que se conoce, un guarro o cafiche que la dejé sin un veinte. De todas formas ella se enamoro perdidamente de mi verga eficiente y depurada. Marqué, y al sexto TU- TU contesto con su voz aguardentosa que derrite a cualquiera. Al reconocer la mía colgó inmediatamente. Eso era sin duda, un esbozo de que se comenzaría a alistar para mi llegada, o al menos eso yo creí. Me encaminé a su depto, sin antes zamparme la botella de vino que quedaba en mi despensa. No es que me armara de valor, porque carajo, de eso había más que cerveza en mi puta casa. Salí sudoroso con tres días en el cuerpo sin bañarme. Me quedaban un par de lucas así que decidí tomar el primer taxi que pasara. Apostaba el todo o nada, a sabiendas que esos dos mil pesos me harían falta en lo que restaba del mes: 14 días.

Despedidas Fáciles?

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Bitácoras de un sucio


Mi mente demasiado sucia, sin embargo hay en todo lo que pienso cierto dejo de lucidez. En cada paso una mujer y sus tetas; un par de jugosas masas jugando con el viento, cayendo sin temor en lo que varios idiotas conocen por gravedad. Estoy ansioso de un buen polvo que me salve del letargo que produce la exquisita manía por el alcohol y todas sus bondades. Si tuviera un arma sería el primero en morir, pero no puedo dejar este nauseabundo vertedero al que denomino mundo. No. Debo saciar toda mi poderosa verga en alguna entrepierna jugosa y flujuda antes de desaparecer. Un escozor me recorre por el estómago terminando siempre en el glande eufórico y en un estrepitoso placer. Asqueado de todos y todo, salvo de ese sabroso par de tetas que pululan por la cafetería, en los bares, en las bibliotecas, en el casino, por todas partes. Son al parecer pesadillas que me atormentan en cada paso que doy en esta mierda de ciudad. No puedo arrancar de las tetas, ni de las vulvas, todas buscan un buen pedazo de carne. YO tengo el remedio a mi propio mal. No puedo evitarlo, entre tanta calentura y bebida siempre termino pidiendo un poco más. Sin ir más lejos, la otra vez, estando como siempre hirviendo en testosterona, por un segundo mientras recogía unas fotocopias que nunca me importaron, imaginaba haciendo sangrar el orto de la vecina peruana que se encarga de que vaya con una enorme carpa entre la pretina cada mañana a clases. Mierda, si sólo tuviera una chance de coger más seguido, sería un poco más normal además, por un tema de salud mental. Voy directo al Peral, pero no preocupa, prefiero estar en un lugar donde sobren los semejantes, a esta mierda de apariencias y disfraces. Lo más entretenido del vertedero es rascarse las bolas, tomarse unos buenos tragos, escupir otro tanto, y meter la polla en el agujero del cielo, donde las ratas fornican en bañeras llenas de leche.

SONIDO POPULAR

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CLIMA

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