Dignísimo sr Carotone

martes, 29 de abril de 2008

Episodios musicalizados

Al llegar a la avenida Salvador que era donde vivía Graciela, me tumbé en una banca a esperar que saliera como de costumbre a tomar el fresco en su terraza. Era una tradición que aprendió de mí. Yo lo hacía después de cogerla, y junto a una cerveza en mi mano izquierda, miraba el lúgubre paisaje del sector en la noche, donde semanas atrás vi como apuñalaban a un desgraciado que oponía una resistencia sobrecogedora.

El citófono estaba de adorno. Ese tipo de cosas me sacan de quicio, y le dí un golpe de puño que acabó con su pobre existencia. De pronto, sobre mi cabeza pude divisar a Graciela con una bata púrpura que me gritaba locuazmente.
- Déja ya eso, sube o llamarán a los pacos.

Subí como pude, estaba un tanto ebrio pero aún me sostenía en pie. Ella me estaba esperando como lo hacía cada tarde cuando llegaba de mi partido de naipes en el boliche de Don Tolo. Era una especie de animal en celo, no podía estar sin follar un día. Yo me dejaba asfixiar entre sus caderas imponentes, límpidas, sobre humanas. Era una potra.

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